Hay separaciones musicales que terminan cuando cada uno recoge sus instrumentos y toma un camino diferente. Y hay otras en las que, muchos años después, todavía queda por decidir quién puede utilizar el nombre que ayudaron a construir. Mägo de Oz ha cargado públicamente contra Kabrönes y Javier Domínguez «Zeta» por la utilización de la marca del grupo en la promoción de sus respectivos espectáculos y ha pedido que retiren su nombre de la cartelería principal, advirtiendo incluso de posibles acciones legales.
El comunicado fue publicado por la propia banda el 5 de octubre y no se anda precisamente con rodeos. Mägo de Oz señala expresamente a los dos proyectos de antiguos integrantes y critica que sus nombres aparezcan con una presencia considerablemente menor mientras «Mägo de Oz» ocupa visualmente buena parte de los carteles.
Y basta mirar los dos ejemplos que acompañan esta historia para entender de qué están hablando.
En el primero aparece Javier Zeta Domínguez & La Orquesta Sinfónica del Diablo. El nombre del cantante ocupa la parte superior, pero en el centro de la imagen aparece, con una tipografía mucho mayor, «Mägo de Oz Sinfónico». El espectáculo está anunciado para el 12 de junio de 2027 en el Teatro Cariola de Santiago de Chile y continúa comercializándose bajo la denominación «Javier Zeta Domínguez presentando Mägo de Oz Sinfónico».
Zeta fue precisamente quien asumió una de las tareas más complicadas que podía plantear la historia de la banda: sustituir a José Andrëa. Entró en Mägo de Oz en 2012 y permaneció como cantante hasta 2023. Su relación con esas canciones, por tanto, no necesita ser inventada. Formó parte del grupo durante más de una década. El conflicto planteado ahora por Mägo de Oz no gira alrededor de que Zeta explique ese pasado, sino de hasta qué punto puede utilizar el nombre de la banda como elemento principal para comercializar un espectáculo propio.
El otro cartel lleva la situación todavía más lejos visualmente.

Kabrönes aparece anunciado en Ecuador dentro de un espectáculo denominado «Las Leyendas de Mägo de Oz», con el nombre de la banda madrileña dominando prácticamente toda la parte superior de la imagen. El concierto está previsto para este 8 de octubre en el Coliseo Atuntaqui, y reúne a cuatro músicos fundamentales de diferentes etapas del grupo: José Andrëa, Frank, Carlitos y Salva.
De nuevo, nadie puede discutir la relación de esos músicos con la historia de Mägo de Oz. José Andrëa puso voz a buena parte de sus discos y canciones más conocidas; Frank y Carlitos formaron durante décadas parte de su identidad guitarrística y Salva estuvo presente en los primeros años de la banda. Precisamente ahí aparece la parte más interesante del conflicto: haber formado parte de una historia y poder utilizar comercialmente el nombre bajo el que se construyó esa historia no son necesariamente la misma cosa.
Mägo de Oz lo plantea de una manera bastante menos jurídica y mucho más ácida.
En su comunicado ironiza con que Kabrönes y Javier Zeta han conseguido que sus propios nombres tengan una presencia discreta mientras las letras de Mägo de Oz alcanzan dimensiones propias de los carteles de la Gran Vía. Y después abandona prácticamente cualquier sutileza al resumir su postura con una frase: «Es más fácil subirse a un tren en marcha que construir las vías uno mismo».
Pero detrás de la pulla aparece una acusación mucho más seria.
La banda sostiene que utilizar su nombre de esa manera como reclamo constituye «publicidad engañosa e ilegal» y pide expresamente a sus antiguos compañeros que retiren la marca Mägo de Oz de la cartelería principal de sus espectáculos.
El comunicado termina incluso apuntando hacia los tribunales. Mägo de Oz advierte de que, si la situación continúa, el siguiente efecto especial que podrían tener que ensayar sus antiguos compañeros sería «una bonita visita al juzgado de guardia».
Conviene separar aquí la retórica de los hechos.
Mägo de Oz ha amenazado públicamente con recurrir a la vía legal, pero eso no significa que exista ya una demanda ni, mucho menos, una resolución judicial que determine que esos carteles sean ilegales. Lo que existe en este momento es una acusación de la banda, una petición expresa para que deje de utilizarse su marca de esa manera y una advertencia sobre las consecuencias que podría tener mantenerla.
Y los carteles permiten comprender por qué la discusión ha terminado haciéndose pública.
No estamos hablando simplemente de escribir debajo del nombre de un músico «ex-Mägo de Oz», una fórmula habitual para explicar su trayectoria. En los dos ejemplos señalados, Mägo de Oz se convierte visualmente en uno de los elementos principales del producto anunciado, pese a que la banda actual no participa en ninguno de los espectáculos.
Al otro lado hay además músicos que no llegaron ayer a esa historia. Entre Kabrönes y Zeta encontramos algunas de las caras y voces que el público identificó con Mägo de Oz durante décadas. Buena parte del repertorio que interpretan fue grabado, defendido sobre los escenarios o popularizado con ellos dentro del grupo.
Ahí está precisamente la frontera que ahora amenaza con dejar de ser únicamente musical. Una cosa es poder decir que fuiste parte de Mägo de Oz. Otra, sostiene la banda, es vender un espectáculo colocando «Mägo de Oz» como uno de los nombres más grandes del cartel.
Y después de años de entradas, salidas y reencuentros entre algunos de sus antiguos miembros, esa diferencia podría terminar discutiéndose en un lugar bastante menos divertido que un escenario.













