Metallica prometió que sus dos primeros conciertos en Sphere serían diferentes y cumplió hasta el punto de abrir una puerta de su repertorio que llevaba cerrada desde 2008. En la segunda noche de su residencia Life Burns Faster en Las Vegas, celebrada este sábado 3 de octubre, la banda recuperó «Devil’s Dance» por primera vez en 18 años, convirtiendo una canción de ReLoad en una de las grandes sorpresas de un espectáculo concebido precisamente para no repetir lo ocurrido dos noches antes.
El regreso se produjo muy pronto. Después de comenzar con «Blackened», continuar con «Fuel» y recuperar «Leper Messiah», James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo atacaron una canción que Metallica no interpretaba en directo desde el 7 de junio de 2008. Desde entonces habían pasado más de dieciocho años y centenares de conciertos sin que «Devil’s Dance» volviese a aparecer en un escenario.
No fue la única excavación profunda de la noche. Metallica recuperó también «The Outlaw Torn», otra de esas composiciones de la segunda mitad de los noventa que difícilmente compiten en frecuencia con «Enter Sandman», «One» o «For Whom The Bell Tolls». El resultado fue un segundo concierto que no se limitó a cambiar unas cuantas canciones para justificar el concepto de No Repeat Weekend: ninguna de las piezas interpretadas el jueves volvió a sonar el sábado.
La elección de «Devil’s Dance» llega además en un momento especialmente apropiado. ReLoad, publicado originalmente en 1997, ha regresado recientemente al catálogo de Metallica mediante una nueva edición remasterizada. Una parte de la historia de la banda que durante años ha quedado inevitablemente eclipsada por los discos de los ochenta y por el gigantesco Black Album vuelve así a encontrar espacio, esta vez dentro del escenario tecnológicamente más desmesurado de toda la residencia.
Porque Sphere continúa siendo el otro protagonista de Life Burns Faster. Metallica ha diseñado el espectáculo alrededor de una pantalla envolvente capaz de convertir cada canción en un escenario diferente, pero el segundo concierto dejó también una conclusión bastante interesante: cuando una banda dispone de más de cuatro décadas de catálogo, una canción que llevaba 18 años guardada puede generar tanta conversación como cualquier despliegue tecnológico.
El repertorio atravesó prácticamente todas las etapas de Metallica. «72 Seasons» convivió con «Leper Messiah»; «Fuel» con «The Outlaw Torn»; «Blackened» con «Until It Sleeps». «One» apareció en el tramo final antes de que «Enter Sandman» cerrase una noche que había empezado mirando hacia 1988 y terminado recurriendo al himno inevitable de 1991.
Pero entre todos esos gigantes hubo un momento que perteneció a 1997.
«Devil’s Dance» nunca ha sido una de las canciones que definen públicamente a Metallica. No está entre las que un espectador puede dar prácticamente por seguras cuando compra una entrada y tampoco pertenece a esa primera línea de clásicos que la banda ha mantenido durante décadas.
Precisamente por eso importó tanto escucharla.
Sphere puede rodear a Metallica con una pantalla gigantesca y convertir Las Vegas en el mayor espectáculo audiovisual de su carrera. Pero para una parte de sus seguidores, el sábado bastaron los primeros compases de una canción que llevaba 18 años esperando su turno.













