Finales de octubre y principios de noviembre siempre han sido buenas fechas para los conciertos de metal en Madrid. Fiel a su tradición, el Palacio de Vistalegre recibió a varios grandes grupos de una tacada (Arch Enemy, habituales en estas fechas y este recinto, Eluveitie, habituales siempre, Amorphis, acostumbrados últimamente a girar como teloneros, y Gatecreeper, que quien esto escribe era la primera vez en la que disfrutaba de ellos). Vistalegre es, como decimos, fiel a traer grandes grupos de metal a Madrid en Otoño, y también es fiel a sonar de manera deficiente en muchas ocasiones. Y, esta vez, también acudió presto a la cita del bombo retumbando, graves que opacan agudos y conciertos que acaban dejándote con un sabor de boca agridulce. (Enlace de interés: el problema de los recintos de conciertos en Madrid)
Gatecreeper: queremos más, y lo queremos pronto
Ser más viejo que un bosque tiene infinitas desventajas, pero también algunas ventajas. Los que hemos crecido con mantras como ‘esto suena un poco a Saxon’, ‘vaya copia de Black Sabbath’ o ‘otros hermanos australianos, esto me suena’, ahora nos estábamos acostumbrando a ‘uy, esto es una mezcla de In Flames y Children of Bodom’, ‘vaya copia descarada de King Diamond’…
Pero ya el colmo de peinar canas es que haya cosas que nos recuerden a ‘grupos jóvenes de los nuevos’, que para los que hemos perdido la perspectiva es cualquier proyecto nacido en este siglo. Pues bien, Gatecreeper, a quienes la gente de Route Resurrection catalogan como ‘Death Metal Hardcore’, nos ha parecido una vuelta de calcetín, nunca mejor dicho, de grupos que suenan parecido a Parkway Drive (que precisamente visitarán Madrid y Vistalegre el próximo sábado).
Los llamemos como los llamemos, los de Phoenix habían llamado la atención de muchos, ya que no es tan normal ver a tanta gente entrar pronto para escuchar a la banda que abre. Y con razón: concierto contundente, brillante a ratos, que curiosamente fue lo que mejor sonó en toda la noche, y que nos dejó a todos con ganas de repetir. Ojalá vuelvan pronto y toquen más tiempo.
Amorphis, de menos a más
Amorphis han cogido una costumbre fea, muy fea: empiezan los conciertos con las pistas grabadas altísimas, dando una sensación de playback que tira para atrás (hacia delante, en este caso, para intentar ver cuánto de verdad había en su directo) para, poco a poco, ir desnudando su sonido a la vez que ganan credibilidad.
Les pasó en el Leyendas hace ya siete años, les pasó en Vistalegre después (no en el coso, sino en una sala lateral), les pasó en la Riviera y les volvió a pasar el sábado (no nombramos lo que vimos en el Milagre Metaleiro de 2024, porque allí las pistas grabadas se quedaron arriba todo el tiempo y fue un concierto para olvidar).
Salen, arrancan con ‘Bones‘ y las miradas se cruzan buscando refrendar las sospechas. Sin Olli-Pekka Laine pero con mucha presencia de los teclados y con las guitarras con tintes arabescos sorteando el retumbe de los bombos en las gradas, fueron poco a poco afianzándose hasta alcanzar un sonido decente, real y DIRECTO. Y, de repente, los rugidos de Tomi Joutsen . Hay una cita apócrifa del New York Times hablando de Lola Flores: «No canta, no baila… no se la pierdan» que es aplicable al de Lohja: «No tiene complicidad con nadie de la banda, no interactúa con el público y no afina en la parte lírica… pero no se lo pierdan».
Es, sin ninguna duda, una de las voces guturales más importantes del mundo, y escucharlo en directo es algo OBLIGATORIO para cualquier metalero.
«Este tío está muy en forma» dijo alguien delante de nosotros refiriéndose a su voz y aireando los cuernos. Y sí, es un espectáculo. Él y Esa Holopainen, el guitarrista que dota al grupo de su sonido característico, lideran con solvencia una banda que siempre es bienvenida.
Joutsen, Holopainen y el resto de la banda fueron de menos a más en un concierto corto pero con un setlist bien elegido que dejó satisfecho al personal.
Eluveitie, con todos los juguetes sin pilas
¿Recordáis la satisfacción de pedirle a los Reyes Magos tus juguetes favoritos, que llegasen puntuales a su cita y de repente no tener pilas para jugar con ellos? Es lo que pasó con Eluveitie, que encontró en Vistalegre a un enemigo demasiado poderoso para su sonido multiinstrumental.
Los suizos estuvieron bien (supongo), pero no se escuchaba nada. Salieron al escenario al menos ocho personas acompañados de voces, guitarras, bajo, batería, todo tipo de flautas, violines, una zanfona, una gaita… y podrían haber sacado zambombas, trompetas, panderetas y maracas, que habría dado lo mismo.
Son otro grupo a los que hemos visto más de una decena de veces y que siempre, SIEMPRE, están bien y, al margen de filias y fobias, consiguen una armonía brillante acompañados de un público muy fiel. El nivel de cariño que tienen de la gente es tal que incluso en el Z-Live en el que nos vimos abocados a un pabellón que parecía el Zendal salieron media hora larga a entretener al público y, contra todo y contra todos, lo consiguieron. Pues bien, con Vistalegre no han podido. Respecto a su setlist, cero quejas, muy variado y cerrando en alto.
Arch Enemy, graves, muy graves
Giran mucho, y los hemos visto en salas, en recintos medianos, en festivales pequeños, medianos e incluso en el inabarcable Download del parking de la Caja Mágica, y casi siempre nos ha pasado lo mismo con ellos: suenan mucho mejor en disco que en directo. Y, además, diremos en voz baja que Alissa sufre mucho para defender algunos de los temas en las actuaciones, especialmente los antiguos, y que a veces apenas se la escucha y otras tiene algunos recursos que recuerdan a los ‘ladridos’ de Danny Filth. El móvil que usamos para grabar estos vídeos no hace justicia, ya que consigue que todo suene mejor que la experiencia allí vivida, pero dejamos aquí un fragmento:
El sábado, si con Eluveitie no se escuchaba nada, con Arch Enemy se escucharon bombos, dobles bombos, retumbes y sonidos graves de procedencia abisal durante casi hora y media. Las dos o tres primeras canciones fueron, directamente, indignas de un cabeza de cartel de festivales y de una de las muy pocas bandas de metal capaces de congregar a suficiente gente en Madrid como para apostar por algo más grande que una sala. Estábamos en pista y nos pusimos de frente, a la derecha, a la izquierda, delante, atrás… y daba igual. No era un problema de ubicación sino de la mesa, incapaz de hacer audible algo más que una masa de ruido durante un cuarto de hora
Después, poco a poco, fueron encontrándose mejor, pero no era el día de algunos de ellos. Estuvieron bien algunas (‘War Eternal’, ‘The Eagle Flies Alone’ y ‘No Gods, No Masters’ fueron incluso notables con la ayuda del público), pero nadie, ni fans ni ocasionales pudieron salir demasiado contentos de la experiencia.
Pagar 60 euros por ver a tres bandas de este nivel nos parece hasta barato en los tiempos que corren, pero a veces el peaje es demasiado caro, y el sábado, en el concierto de Arch Enemy, Eluveitie, Amorphis y Gatecreeper el envoltorio fue más importante que el contenido. ¿Veremos a alguna de las bandas en los festivales de España y Portugal del próximo verano?
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2 Comentarios
Yo estuve en grada baja, fila 6, justo frente al escenario, y Eluveitie se escuchó genial, tanta diferencia de sonido hay entre pista y grada??
Sin embargo Amorphis se escuchó horrible, felicidades por el buen artículo, saludos
Muchas gracias, Alberto. Nosotros intentamos huir de la grada siempre porque suele sonar peor (como te ocurrió con Amorphis, que sin embargo en pista sonaron mejor (lejos de bien, pero mejor). Un saludo!