De 2026 a 1996. Treinta años hacia atrás en apenas unos segundos. Así comenzó Placebo su concierto de este jueves 1 de octubre en el Movistar Arena de Madrid, con una cuenta atrás proyectada sobre el telón que terminaba exactamente en el punto al que Brian Molko y Stefan Olsdal querían llevarnos esta noche: al nacimiento de una banda que tres décadas después sigue consiguiendo que muchas de aquellas canciones remuevan exactamente donde lo hacían entonces.
Era el sentido del 30th Anniversary Tour, la gira con la que Placebo está celebrando tres décadas desde la publicación de su debut homónimo de 1996 y que llegaba a Madrid después de haber arrancado en Portugal. Y también explicaba buena parte de lo que vimos alrededor antes incluso de que se apagaran las luces.
Porque METALDIRECTO suele moverse entre camisetas de Iron Maiden, Metallica o Judas Priest, pero esta vez el uniforme era otro. Había Garbage, Radiohead, Soundgarden, Rage Against The Machine, Queens of the Stone Age, Muse, The Killers o Nine Inch Nails. Una pequeña radiografía de una generación para la que las fronteras entre rock alternativo, grunge, industrial, metal y pop oscuro nunca fueron demasiado importantes.
Y probablemente por eso había algo más que nostalgia en el ambiente.
En 1996 no había móviles
Antes de comenzar, Placebo quiso establecer una norma bastante clara. Una pantalla pidió al público que guardara sus teléfonos y viviera el concierto sin grabarlo. El mensaje se escuchó en español y después apareció el propio Brian Molko insistiendo en la petición.
La idea era sencilla: la banda quería conectar con las personas que tenía delante, no con cientos de pequeñas pantallas levantadas entre ellos.
Y había un argumento imposible de discutir dentro de una celebración como esta: en 1996 no había móviles grabando conciertos.
La petición tuvo incluso una segunda parte. Después de comprobar durante las primeras canciones que todavía había asistentes utilizando el teléfono para grabar, Molko volvió a dirigirse al público. Fue una advertencia. A partir de ahí ocurrió algo cada vez menos habitual: la gente hizo bastante caso.
Y funcionó.
Mirar alrededor y encontrarse mayoritariamente caras en lugar de teléfonos terminó formando parte, casi sin pretenderlo, de la experiencia de la noche.
Brian Molko despeja cualquier duda
Había además una incógnita personal antes de comenzar. ¿Cómo estaría Brian Molko?
Placebo nunca ha sido precisamente una banda construida alrededor de una voz convencional. La de Molko es reconocible prácticamente desde la primera sílaba y forma parte inseparable de la personalidad de sus canciones. Treinta años después, cualquier celebración de este repertorio dependía en buena medida de que esa voz siguiera siendo capaz de transportarnos hasta allí.
La respuesta llegó muy pronto.
Molko estuvo espectacular.
No porque intentara cantar como el Brian Molko de 1996, sino porque sigue conservando ese timbre extraño, frágil y cortante que hace que Placebo suene a Placebo. Hubo fuerza cuando las canciones la exigían y una enorme carga emocional en los momentos más contenidos.
Para quien llegara con alguna duda, duró poco.
Dos discos para volver al principio
La propuesta de esta gira tiene además una lógica muy concreta. Placebo ha decidido mirar fundamentalmente hacia sus dos primeros discos, Placebo y Without You I’m Nothing, precisamente los trabajos que construyeron los cimientos de todo lo que llegaría después. El propio recinto anunciaba la gira como una celebración centrada en los éxitos de esos dos primeros álbumes. Movistar Arena
Y cuando uno tiene una relación emocional con aquellas canciones, resulta complicado pedir mucho más.
Siempre faltará alguna. Es inevitable cuando hablamos de una banda con treinta años de recorrido. Pero la selección funcionó precisamente porque no parecía diseñada como un simple recopilatorio de éxitos, sino como un viaje hacia una época determinada de Placebo.
Eso hizo que algunas canciones sonaran esta noche de una forma diferente a como pueden hacerlo en una gira convencional. Ya no pertenecen únicamente a los músicos que están sobre el escenario. Pertenecen también a quien las escuchaba hace veinte o treinta años y descubre, casi con sorpresa, que todavía recuerda exactamente lo que sentía con ellas.
Ahí estuvo buena parte de la emoción del concierto.
“Every You Every Me” y un bis enorme
Uno de los momentos más conseguidos llegó después de la primera despedida.
Placebo regresó para el bis y “Every You Every Me” no apareció inmediatamente como todos la conocemos. Una base electrónica comenzó a crecer poco a poco, acumulando tensión hasta desembocar en una de esas canciones que prácticamente no necesitan presentación.
Fue uno de los grandes momentos de la noche.
Porque si este concierto trataba de memoria, pocas canciones representan mejor aquella etapa de Placebo. Escucharla ahora, después de haber atravesado tres décadas de vida junto a ella, cambia inevitablemente la manera de recibirla.
El tramo final mantuvo ese componente emocional hasta llegar a “Running Up That Hill”, la reinterpretación de Kate Bush que Placebo convirtió hace años en una pieza completamente reconocible dentro de su propio universo.
Pero todavía quedaba un último detalle.
El concierto termina, Placebo no se va
Después de la última canción, la banda permaneció sobre el escenario.
No hubo otra canción interpretada en directo. Comenzó a sonar una pieza electrónica mientras los músicos se mantenían allí, prácticamente de espaldas al público, dejando que aquella música hiciera el trabajo de cerrar la noche. No parecía un simple hilo musical para acompañar la salida. Era parte del final.
Y después de dos horas mirando treinta años hacia atrás, resultaba una forma curiosamente apropiada de marcharse: sin una gran explosión, sin necesidad de forzar otra despedida y dejando que el sonido terminara de ocupar el espacio.
Emoción sí; conversación, algo menos
Si hubo algo que se pudo echar en falta fue precisamente una mayor comunicación con el público.
No porque Placebo permaneciera completamente en silencio. Molko y Stefan Olsdal hablaron con los asistentes, y Olsdal volvió a demostrar además su enorme soltura hablando español. Pero en una noche concebida alrededor de treinta años de historia quizá apetecía escuchar algo más.
Algún recuerdo. Alguna historia. Algo que explicara qué significa para ellos regresar en 2026 a canciones que comenzaron a tocar cuando todo era completamente diferente.
Puede que simplemente Placebo sea así.
Y quizá esa distancia forme también parte de su personalidad. Porque, paradójicamente, una banda que no buscó una conexión excesiva mediante las palabras consiguió encontrarla constantemente a través de las canciones.
Treinta años después
Al final, probablemente esa sea la mejor manera de explicar lo ocurrido esta noche en Madrid. Placebo pidió guardar los teléfonos porque quería que mirásemos al escenario. Y cuando lo hicimos, allí estaban canciones que muchos escuchábamos hace muchísimo tiempo. Nosotros hemos cambiado. Ellos también. Han pasado treinta años.
Pero durante algunos minutos, con Brian Molko cantando con una voz que continúa siendo inequívocamente suya y cientos de personas alrededor sin una pantalla delante de la cara, 1996 no parecía estar tan lejos.
Y quizá de eso iba realmente esta gira.











