Sun & Thunder ha llegado a su final después de apenas dos ediciones. El festival celebrado en Marenostrum Fuengirola se ha despedido después de su edición de 2026, cerrando un proyecto que había nacido con la intención de consolidar en la Costa del Sol una nueva gran cita para los aficionados al heavy metal. No habrá Sun & Thunder 2027 y, apenas un año después de su estreno, aquel proyecto que hablaba de crecer y mejorar ya forma parte de la historia reciente de los festivales españoles.
La organización ha confirmado el final, pero eso no significa que conozcamos exactamente sus causas. No se han hecho públicas las cuentas del festival, ni sabemos cuántos abonos se vendieron finalmente, cuáles fueron sus costes o qué elemento concreto terminó inclinando la balanza. Por eso, hablar de «los motivos del cierre» como hechos demostrados sería ir demasiado lejos. Lo que sí podemos hacer es mirar atrás, porque entre aquella primera edición de 2025 y la despedida de 2026 se acumularon suficientes cambios, contratiempos y señales como para entender que el segundo año de Sun & Thunder terminó siendo bastante diferente del futuro que inicialmente se había dibujado para el festival. Para entenderlo mejor, hemos preparado esta lista con un decálogo de señales que ya aventuraban este final tan abrupto.
ENLACE DE INTERÉS: Crónica del Sun and Thunder 2025: prometedor, pero necesita muchos cambios.
Las 10 claves que marcaron el camino hacia el final de Sun & Thunder
A falta de que la organización explique las razones concretas de su decisión o haga públicas cifras que permitan conocer la situación económica del festival, estos son los principales factores y señales que acompañaron a Sun & Thunder hasta su desaparición:
- Una segunda edición mucho más pequeña. De las más de 40 bandas de 2025 se pasó a 17 artistas en 2026. 2025 fue una edición floja pero prometedora. 2026, lejos de haber experimentado un impulso, ha sufrido un retroceso en todos los sentidos. Mucho de lo que expresábamos en esta crónica del Sun and Thunder 2025, tanto temores como aciertos, se han repetido en esta edición. El festival necesitaba cambios a mejor para perdurar, y no han terminado de llegar.
- La pérdida de Twisted Sister. Uno de los principales reclamos inicialmente anunciados canceló su regreso por motivos ajenos al festival y no hubo posteriormente una banda presentada expresamente como su sustituta. En general, la pérdida de los de Dee Snider fue la gota más grande dentro de un sinfín de ellas, muchas apuntando a lo decepcionante del cartel. Un cartel con mayor capacidad de convocatoria probablemente habría relegado muchos de estos problemas a un segundo plano. Y estamos de acuerdo. Además, esa zona de Fuengirola tiene miles de turistas de países nórdicos, con lo que las opciones de hacer un festival en esa línea quizá se podría haber explorado un poco más.
- Expectativas de crecimiento difíciles de cumplir. Después del estreno, Sun & Thunder transmitió una voluntad clara de crecer y mejorar su propuesta, pero la segunda edición terminó reduciendo considerablemente su dimensión. El primer año debe ser ambicioso para que sus asistentes sean los principales prescriptores, y se quedaron a medias. Si a esto le unes que las promesas de crecer no sólo no se cumplen sino que el festival va en el sentido contrario, siendo además el último gran festival en celebrarse en el verano español, deja la conclusión de que los aficionados, que tienen que elegir, se decantan por otras opciones.
- El Castillo Sohail desapareció de la programación musical. Uno de los grandes puntos fuertes es la ubicación, el recinto… y el castillo. El planteamiento inicial contemplaba nuevamente dos escenarios y una experiencia diferenciada en el castillo, pero todos los conciertos acabaron celebrándose en un único escenario. Estamos deseando conocer más información oficial sobre cómo el recinto y sus exigencias han condicionado el resto de factores.
- Largos tiempos entre actuaciones. La parte de abajo del recinto es ‘intocable’, y esto implica que sólo puede haber un escenario y no dos de forma paralela. Este escenario único eliminó los solapamientos, pero los horarios oficiales dejaron pausas de alrededor de una hora entre varios de los conciertos principales, algo que desanima y hace perder continuidad.
- La asistencia: 2025 fue una señal de alarma; 2026 una sentencia. Tras comunicar más de 14.000 asistentes acumulados en 2025 (nosotros tuvimos la sensación en todo momento de un festival al 40%, siendo generosos, y que el recinto era gigante para la gente que había), lo de 2026 ha sido muchísimo más decepcionante, con un festival que no ha contado con la aprobación del público metalero.
- Las dudas aparecieron antes del festival. La propia organización tuvo que confirmar públicamente poco antes de la celebración que Sun & Thunder 2026 seguiría adelante. En este sentido ha habido muchas quejas respecto a la comunicación del festival. El Sun and Thunder ha echado en cara lo nocivas que son las redes sociales en algunas ocasiones, pero lo cierto es que el flujo de comunicación y mensajes no ha terminado de funcionar en ninguno de los dos sentidos. La tónica han sido comentarios borrados y quejas sobre la falta de información. El festival no ha recibido cariño, pero tampoco ha sabido trasladar sus bondades (como sí consiguen con más facilidad con el Z! Live, sin ir más lejos). Es más, lo que ocurrió en 2025 y las crónicas que leímos fueron el principal motor del lanzamiento de Metaldirecto. Todo lo que hemos experimentado a lo largo de este año de vida, especialmente sobre la necesidad de medios independientes que cuenten lo que ocurre y no repitan los mensajes oficiales nos ha dado la razón.
- Un recinto con antecedentes complicados para otros festivales de metal. Rock The Coast, Metal Paradise… los precedentes no eran alentadores con Fuengirola y su recinto. Madness Live explicó posteriormente en términos muy críticos su experiencia con Marenostrum. Son antecedentes que no significan directamente una explicación demostrada del final de Sun & Thunder, pero las señales son bastante similares. Publicaciones y entrevistas como ésta de Jose (Metal DJ Phoenix) a Juan Antonio Muñoz, CEO de Madness Live, pueden arrojar bastante luz al respecto.
- Una competencia enorme entre festivales españoles. Sun & Thunder necesitaba encontrar su espacio en un calendario repleto de citas consolidadas que compiten por las mismas bandas, las vacaciones y el presupuesto del público. Según información que recibió Metaldirecto en 2025, la idea ya era cambiar de fecha (aunque lo que nos contaron no era finales de agosto, sino más pensado a muy finales de mayo o principios de junio). Lo cierto es que en 2025 ya se detectaron bastantes áreas de mejora, que pasaron de ser prometedoras a decisivas negativamente, y la necesidad de otra fecha fue una de ellas.
- El coste añadido de su propia propuesta. Fuengirola, playa y Costa del Sol eran parte del atractivo, pero para buena parte del público también implicaban transporte y alojamiento en temporada turística alta.
Son señales, condicionantes y problemas documentables; no diez “causas oficiales” del cierre. La explicación definitiva solo podrá darla Sun & Thunder si decide contar qué ha ocurrido detrás de las cifras.
Mientras tanto, su desaparición deja dos preguntas que probablemente van mucho más allá de Fuengirola:
¿Hay espacio para todos los festivales de metal que actualmente compiten por el público español? ¿Cuánto tardaremos en volver a ver un gran festival de metal en Andalucía?












