Cuando pensamos en una gran banda de metal llenando un estadio o encabezando un festival, es fácil imaginar que el dinero entra directamente en los bolsillos de los músicos. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Y ni hablar cuando hablamos de una banda más ‘modesta’ que se encuentra realizando una gira por salas más pequeñas.
Los ingresos de una gira proceden de varias fuentes distintas y, del mismo modo, los gastos pueden absorber una parte muy importante de la facturación (o incluso toda la facturación y perder dinero). En algunos casos, una gira con millones de euros en ingresos termina dejando un beneficio mucho menor de lo que el público imagina.
Si en este otro artículo abordábamos el negocio del metal desde el punto de vista del promotor (es decir, ¿Cuánto cuesta traer a una banda de metal?), aquí vamos a intentar desglosar un poco los conceptos que tienen en cuenta las bandas antes de girar.
No existe una única fuente de ingresos
Una banda profesional obtiene dinero de diferentes conceptos.
Los principales son:
- Caché o garantía por actuación.
- Venta de entradas (en conciertos propios).
- Merchandising.
- Derechos de autor.
- Patrocinios.
- VIP Experiences.
- Licencias audiovisuales.
La importancia de cada uno cambia enormemente según el tipo de gira.
El caché: la base del negocio en los festivales
Cuando una banda toca en un festival normalmente recibe una cantidad pactada con antelación.
Ese dinero está garantizado independientemente del número de asistentes.
Para el artista supone la forma de ingreso más segura.
En cambio, el festival asume prácticamente todo el riesgo económico.
En los conciertos propios cambia completamente el modelo
Cuando la banda organiza su propia gira aparecen otros ingresos.
El más importante suele ser la venta de entradas.
Dependiendo del contrato con el promotor, el artista puede cobrar:
- una cantidad fija;
- un porcentaje de la taquilla;
- una combinación de ambas.
En una gira con entradas agotadas, la taquilla suele convertirse en la principal fuente de ingresos.
El merchandising: mucho más importante de lo que parece
Para muchas bandas, especialmente las de tamaño medio, el merchandising representa una parte fundamental del negocio. Y, en muchos casos, la diferencia entre que una banda gane o pierda dinero en un concierto (por eso todas llevan su propia mercancía y muchas, sobre todo las pequeñas, hacen tanto hincapié en que, si quieres ayudarlos, acudas al ‘merchan’).
Camisetas.
Sudaderas.
Parches.
Vinilos.
Ediciones firmadas.
Púas.
Posters.
Todo ello puede generar márgenes muy superiores a los de la música grabada.
¿Qué porcentaje aporta cada ingreso?
No existe una distribución universal, pero un concierto propio con buena asistencia podría aproximarse a un reparto como este:
| Concepto | Peso aproximado sobre los ingresos |
|---|---|
| Venta de entradas | 60-75 % |
| Merchandising | 15-30 % |
| Experiencias VIP | 3-10 % |
| Patrocinios | 0-8 % |
| Otros ingresos | 1-5 % |
En un festival, la fotografía cambia completamente. Además, aquí cuanto más grande es la banda más porcentaje hay que atribuirle al caché.
| Concepto | Peso aproximado |
|---|---|
| Caché garantizado | 70-80 % |
| Merchandising | 20-30 % |
En la mayoría de conciertos y festivales la banda no participa directamente en la venta de bebidas ni de comida.
¿Las bandas ganan dinero con las barras?
En términos generales, no.
Los ingresos de las barras pertenecen al promotor del festival o a la empresa concesionaria.
Solo en acuerdos muy específicos, normalmente de artistas de enorme poder de negociación, pueden existir fórmulas comerciales diferentes.
No es lo habitual.
¿Y con la comida?
Tampoco.
Los food trucks y puestos de restauración pagan normalmente un canon al festival o un porcentaje de sus ventas.
La banda no suele recibir ingresos procedentes de este negocio.
¿Quién se queda el dinero del merchandising?
Aquí también depende.
Existen tres modelos habituales.
Merchandising propio
La banda fabrica sus productos y se queda prácticamente todo el beneficio.
Es habitual en artistas medianos.
Merchandising gestionado por una empresa
Una empresa especializada fabrica, vende y liquida posteriormente un porcentaje al artista.
Es muy común en giras internacionales.
Merchandising compartido con el recinto
Muchos pabellones y grandes arenas cobran una comisión por permitir vender merchandising dentro de sus instalaciones.
En algunos casos esa comisión puede superar el 20 % de las ventas.
Los gastos: la parte menos visible
Facturar mucho no significa ganar mucho.
Antes de repartir beneficios hay que pagar:
- músicos;
- técnicos;
- ingenieros de sonido;
- iluminación;
- vídeo;
- backline;
- conductores;
- tour manager;
- producción;
- hoteles;
- vuelos;
- combustible;
- alquiler de autobuses;
- alquiler de camiones;
- seguros;
- visados;
- impuestos;
- comisiones del management;
- comisiones de la agencia de contratación.
En una gran gira internacional pueden viajar entre 40 y más de 150 personas, dependiendo de la producción.
Un ejemplo simplificado
Imaginemos un concierto propio que factura 46.000 €. (es decir, un concierto de tamaño medio, de unas 800 personas).
El reparto podría parecerse a algo así:
Ingresos
- Entradas: 35.000 €
- Merchandising: 8.000 €
- VIP: 2.000 €
- Otros: 1.000 €
Total: 46.000 €
Gastos
- Personal: 6.000 €
- Transporte: 7.000 €
- Producción: 9.000 €
- Recinto y logística: 8.000 €
- Management y agencias: 10.000 €
- Impuestos y seguros: 3.000 €
Beneficio para repartir entre la banda, antes de impuestos: 3.000 €
No representa un concierto real, pero sirve para ilustrar que una gran facturación no implica automáticamente un gran beneficio, máxime teniendo en cuenta que las bandas reciben hoy en día la inmensa parte de sus ingresos de sus actuaciones en directo y todo lo que deriva de ellas.
¿Qué resulta más rentable?
No existe una respuesta única.
Los festivales ofrecen seguridad.
Las giras propias pueden generar mucho más dinero.
Pero también concentran prácticamente todo el riesgo.
Por eso muchas bandas alternan ambos formatos durante un mismo año.
La conclusión
Detrás de un concierto de dos horas existe una empresa perfectamente organizada. Los músicos son solo una parte de una estructura que puede mover decenas de trabajadores, cientos de toneladas de material y una inversión de cientos de miles —o incluso millones— de euros.
Por eso, cuando hablamos de cuánto «gana» una banda por tocar, la respuesta nunca es una única cifra. Depende de cómo esté estructurado el negocio, del tipo de gira, del contrato firmado y de la capacidad del artista para generar ingresos más allá de subirse al escenario.












