Iron Maiden consigue siempre que empecemos el concierto llorando y acabemos de la misma manera. Al principio, de la emoción de volverlos a ver, y al final, por si acaso es la última. Lo vivido en Cartagena, en la segunda jornada del Rock Imperium 2026 fue una catarsis de banda y público, en un show grandioso, que consiguió sonar incluso mejor que en algunas de las fechas específicas de la banda en su gira, y que tuvo momentos que recordaremos para siempre y otros que intentaremos borrarlos de la cabeza con el paso del tiempo.
Arranque poderoso, con Bruce Dickinson estelar
Dentro de la exigencia mayúscula debida a uno de los mejores grupos de todos los tiempos, íbamos con miedo respecto a la exigencia vocal de Bruce Dickinson, por un lado, y a comprobar si se había producido una mejor cohesión de la banda con Simon Dawson. Con Bruce las dudas se disiparon enseguida, ya que desde el principio le vimos buscar las notas más altas y mostró un registro superlativo (sí que es verdad que el show se le hizo un poco largo, y por ejemplo en Aces High sufrió más de lo deseable). Con Dawson, aunque le adoramos, tenemos que elevar el nivel de la exigencia, ya que tuvo momentos brillantes, como en Hallowed Be Thy Name o en dos pasajes lentos antológicos en The Rime of The Ancient Mariner y en Seventh Son of a Seventh Son, pero otros que nos sacaron completamente de la canción, concretamente en The Number of The Beast, en Two Minutes To Midnight y en The Trooper (nada más y nada menos).
Dave Murray tampoco tuvo una noche brillante, pero supo salir adelante, mientras que Adrian Smith y Janick Gers estuvieron notables.
De Steve Harris para qué decir nada. Es un ciclón incombustible, su bajo todavía resuena en Cartagena (sea el momento que sea en el que estés leyendo esta crónica) y, si fuese una audición a ciegas, no le echarías más de treinta años a la fuerza de la naturaleza que aporrea con todo el sentido del mundo las cuatro cuerdas.
El setlist, como decimos, fue un constante subir y bajar, con dientes de sierra que alcanzaron cotas de excelencia pocas veces vista y otras canciones en las que la banda se mostró un poco más perdida. Todo ello, como decimos, hablando desde la exigencia máxima y teniendo en cuenta que todos y cada uno los que tuvimos la suerte de verlos en la cuesta del Batel estaremos sin voz varios días. Un buen ejemplo fue Run to The Hills. ¿Quién se acuerda de cómo sonó, si el que no estaba por los aires estaba abrazando al de al lado o improvisando un micrófono con cualquier objeto?
Iron Maiden nos tuvieron dos horas completamente entregados, en los que nadie se acordó de ninguna de las virtudes y los defectos del festival, y que marcan un hito en la historia del festival y en la vida de todos y cada uno de nosotros. No girarán en 2026, pero esperamos volver a verlos, como siempre.
Anthrax, H.E.A.T y Blues Pills, jornada para el recuerdo
Iron Maiden, como decimos, lo opaca todo, pero sería injusto no mencionar que, al margen de ellos, la segunda jornada del Rock Imperium fue fabulosa, elevando los quilates musicales sobre el escenario.
Blues Pills, en una apuesta no tan cercana al metal pero sí con muchas influencias de los 70, supieron encontrar la fórmula perfecta entre música que le gusta a todo el mundo y, además, triunfar entre los metaleros con gustos más blueseros.
Tras ellos, H.E.A.T dieron una lección de grupo que sabe adaptarse a lo que les toca, que en este caso era ser precursores de la descarga de Anthrax y, por supuesto, la de Maiden. Los suecos, con sus influencias tan marcadas en el heavy metal clásico de Europe y Scorpions (pero sobre todo de Europe) estuvieron mejor que en Zamora, aunque haciendo honor a la verdad, se fueron ‘perdiendo’ con el paso de las canciones y acabaron el show un poco cada uno por su lado.
Todo lo contrario ocurrió con Anthrax. Los de Scott Ian fueron una ametralladora con las cosas claras. Tocaron lo antiguo, lo nuevo y lo que está por venir pero sin ni un solo renglón fuera de lo esperable. Del ‘big four’ son el ‘four’ probablemente por haber sido los que menos se han salido del guión del Thrash, pero por ese mismo motivo sabes qué esperar, y eso es garantía de éxito.












