La jornada del viernes del Leyendas del Rock 2026 estaba especialmente preparada para una generación habitualmente olvidada por encontrarse entre otras. Ciñéndonos al metal, son aquellos que no pertenecen a los clásicos eternos, pero tampoco a los grupos modernos que marcan ahora la agenda día a día. En definitiva, aquellos nacidos aproximadamente entre finales de los setenta y mediados de los ochenta. Un yermo en algunas ocasiones, al menos en España, aderezado por los albores del power metal escandinavo y, posteriormente, el sonido de Gotemburgo capaz de juntar las tendencias de vanguardia más pesadas junto a las guitarras del NWOBHM. Y hoy, en Villena, se presentaron Stratovarius e In Flames, dos de los grupos más importantes en sus respectivas vertientes.
Stratovarius aterrizaron de nuevo en Alicante, esta vez con un setlist exclusivo de sus discos Episode, Visions y Destiny (y también tocaron Eagleheart porque patatas). Directo a la línea de flotación emotiva de los que eran (éramos) adolescentes a finales de los noventa. Arrancar con Destiny, que suenen clásicos como Stratosphere, The Kiss of Judas, Black Diamond y que cierren con Speed of Light y Hunting High and Low es demasiado como para entrar a valorar más detalles. Una hora coreando himnos, con un Kotipelto notable y entregado; la antesala perfecta para la explosión definitiva de la jornada.
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In Flames exhibieron todo su arsenal en Villena
In Flames han cambiado, como hemos hecho todos. Poco (y pocos) quedan de aquellos primeros discos en los que se gestaba una banda con miembros de Hammerfall y Mikael Stanne; tampoco están desde hace demasiado tiempo Jesper Stromblad y Glenn Ljungstrom, y en muchos casos ni siquiera quedan los suplentes de estos. Sí están, como casi siempre, y parece que para siempre Anders Fridén y Bjorn Gelotte, los mismos que enarbolaron el sonido de Gotemburgo, los mismos que se atrevieron a introducir elementos electrónicos en el melodeath y fueron capaces de soportar todas las críticas, y los mismos que veinte años después son ahora cabezas de cartel en un festival con el beneplácito tanto de los que nunca dudaron como de los que siempre lo hicieron.
Con un setlist variado, mezclando himnos antiguos (Colony o Artifacts of the Black Rain, que fue probablemente la más floja del repertorio), canciones que pese a llevar poco tiempo ya son de las más coreadas (I Am Above, State of Slow Decay, Foregone pt2) y sus grandísimos himnos (Trigger, Only for The Weak, Alias, Take This Life…) los suecos, con un sonido extraordinario y una aportación vocal de Fridén como pocas veces le hemos visto, se auparon a convertirse en la actuación del día, de momento la actuación del festival y sin duda una de las mejores hora y media que han visto Villena en años.
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Saratoga y Saurom, café para cafeteros
Antes del doblete escandinavo, Saratoga ofrecieron una actuación irregular, con muchos dientes de sierra con picos pero también con momentos muy mejorables. De igual manera Saurom, que tuvieron que afrontar salir después de In Flames, se apoyaron en colaboraciones de cantantes (qué alegría ver así de bien a Isra Ramos) y en un coro contundente para deleitar a los suyos, sí (igual que Saratoga), pero con evidentes problemas de sonido tanto en los micrófonos como en la ecualización.
No queremos no nombrar a Chez Kane, que abrió la jornada con un concierto amable, que sonó siempre a una mezcla entre Flashdance y verano de los ochenta, pero que dejó buenas sensaciones.












