La vigésima edición del Leyendas del Rock llegaba a Villena con un cartel impresionante, probablemente el mejor de todas las ediciones en las que hemos estado, y la jornada del miércoles ya aglutinaba muchos platos fuertes. Tal es así que las entradas de día estaban agotadas, y posiblemente es uno de los días, si no el que más, en el que hemos visto un mayor número de personas en el polideportivo de Villena. ¿Y qué tal ha ido? Pues musicalmente increíble, pero en el aspecto organizativo, de nuevo, luces y sombras.
Los baños de arriba, el gran lunar
Estamos a miércoles, y sirva de ejemplo la foto que hicimos cerca de medianoche. Es IMPRESENTABLE que absolutamente todos los años esa zona quede encharcada de no sabemos qué, y no queremos saber de qué. Es una muestra terrible de desidia que se repite año tras año, pero es que además nunca lo habíamos visto así el primer día.

Otro gran lunar ha sido el reparto de la sombra en el camping. Pero de esto, de la falta de papel en prácticamente todos los baños prácticamente todo el tiempo, de la cuestionable decisión de enfrentar el merchandising con la recarga del cashless y de las cosas generales del festival hablaremos en la crónica final que publicaremos el próximo domingo.
Musicalmente, un diez
Ciñéndonos a los escenarios, lo vivido el miércoles ha sido espectacular. Tailgunner abrieron la jornada de una manera soberbia, con un gran guitarrista tanto en lo virtuoso como en el liderazgo sobre el escenario. Una banda de NWOBHM que nos hace imaginarnos cómo fueron los ochenta con decenas de grupos de veinteañeros intentando abrirse paso a base de talento y actitud.
Arriba, punto positivo para el sonido, que parece que por fin han encontrado una fórmula (probablemente a base de mesa, altavoces y una configuración un poco distinta). Lo apreciamos en Killus, que dieron un buen concierto muy apoyado en pistas grabadas.
Orbit Culture eran uno de los platos fuertes. Estuvieron bien, sí, pero quizá un poco planos y monótonos en algunas fases. Además, renunciar voluntariamente a tocar tu gran éxito, y más en un festival, no sé si es una gran idea.
Black Label Society estuvieron extraordinarios, con un muy buen sonido y una actuación en perfecto equilibrio entre lo que la gente quería y lo que la situación demandaba.
Savatage dieron varias lecciones. Una, de cómo sonar a las mil maravillas. Otra, de cómo honrar una trayectoria sobresaliente y a los miembros que ya no pueden estar, y otra con un setlist muy pertinente. Actuación de las que recordaremos mucho tiempo.
Y hablando de recordar… ¿Qué ha sido eso de Alex Terrible con Slaughter to Prevail? Menos mal que Savatage salieron antes que ellos, porque la que han liado los rusos ha sido memorable. Nuestra sensación ha sido parecida a la que vivimos la primera vez que vimos a Will Ramos (Lorna Shore), en incluso al pedazo de bolazo que pegaron Parkway Drive en Vistalegre. Guste o no guste, es algo que, si tienes ocasión, hay que ver al menos una vez en la vida.

Sepultura hicieron un setlist de menos a más, pero cerraron (¿será verdad que por última vez?) por todo lo alto, y arriba Promkinks le dieron un toque diferente a la jornada.
En definitiva, un miércoles brillante en lo musical pero irregular en lo organizativo. Mañana, más.












