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Crónica Mad Cool 2026: Moby y Foo Fighters, protagonismo doble

Moby Mad Cool 2026

El Mad Cool fue en su jornada de apertura de 2026 un monstruo de dos cabezas. No descubrimos nada si lo definimos como un evento mastodóntico, con miles de metros cuadrados que dan cabida a decenas de miles de personas que van allí por diversos motivos. Y, entre esas personas y esos motivos, en la jornada del miércoles se colaron dos metaleros, C.Sanz y M.Garcia, para ver a los Foo Fighters y a Moby, sobre todo a Moby (porque todos tenemos gustos culposos).

Mad Cool, un festival MUY BIEN montado

En anteriores ocasiones, habíamos ido al festival a ver tanto a Metallica como a Muse, pero fue en el recinto anterior de Valdebebas. El Iberdrola Music cambia mucho de ubicación, pero muy poco en prestaciones y ‘amenities’. Los organizadores saben que aquello es una versión castiza del ‘Coachella’, donde hay gente que va a conciertos pero mucha más que va al evento. Por eso, las marcas se afanan en construir el stand más llamativo y se pueblan de gente de todas las edades y muchas nacionalidades para llamar su atención, recoger sus datos y ofrecer jugosos premios. ¿Metaleros? Muchos. Y no, no nos referimos a ‘metaleros por afinidad’ con camisetas de Red Hot Chilli Peppers, Linkin Park y grupos de la cuerda de Foo Fighters. Vimos, contamos e hicimos fotos de personas con camisetas de System of a Down, Metallica, Saurom, Wolfheart, festivales como el Resu y el Leyendas, algunos extranjeros como el Tuska… una pléyade de bandas y eventos que demuestran que siempre que haya música, habrá un metalero rondando.

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Los accesos no nos llevaron demasiado tiempo, ni la ‘pulseración’. Sí vimos algunas colas demasiado largas en momentos puntuales en las barras y en los puestos de food trucks, con unos precios altos, sí, pero que no asustan a nadie que acuda a este tipo de eventos en otros lugares (2 euros el vaso, 6 euros la cerveza pequeña, 12 la grande y algo más caro, 15, el ‘mini’ (litro, katxi…) de tinto de verano. Otro punto fuerte son los baños, tanto los masculinos como los femeninos, con muchos sitios y muchas fuentes. Esto debería no ser tratado nunca en las crónicas, pero hasta que no todos se comporten así lo seguiremos evidenciando.

Los escenarios, sensaciones encontradas

El principal es un cañón, con unas pantallas de infarto pero un poco corto de sonido (suponemos que por limitaciones vecinales). El segundo está bien, pero nos dejaron fríos un par de cosas. La primera es que, desde la calle, perfectamente se puede ver y escuchar todo lo que ocurre allí. La segunda, y de lejos peor, es que se oye MUCHO el escenario principal. Y eso cuando hay solapes es doloroso. Y cuando solapas a los Foo Fighters con Moby es una vergüenza (por el solape en sí, que debería ser delito, y porque toda la sensibilidad que aporta un artista tan especial como Moby se queda diluida en los momentos iniciales de la canción entre una maraña de gritos y bombos desde el otro escenario).

El tercero es una carpa bastante grande pero que se quedó pequeña cuando irrumpió Keanu Reeves en el escenario con su banda Dogstar (buen momento para calibrar cuánta gente iba por la música y cuánta por tener la foto para el ‘insta’ o el Tiktok). Cuarto y quinto son dos carpas más modestas. Tuvimos suerte de, en un momento entre conciertos, ver que se arremolinaba la gente en torno a una de ellas para ver a los desconocidos Bigger Splash… que resultaron ser Arde Bogotá camuflados tras el nombre de su nuevo single (fue un momentazo de la jornada). El quinto escenario no lo vimos con actividad en ningún momento, pero nos pareció un copiar/pegar del cuarto.

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El dañino solape de los cabeza de cartel

No sabemos de quién fue la idea de solapar, y cerrando la jornada, a los dos principales grupos del día, algo que derivó en el descontento de muchos y en un caos absoluto a la salida, especialmente para coger el metro.

Antes del desastre organizativo del ‘adiós’, pudimos ver arrancar el concierto de los Foo Fighters, con All My Life calentando a las masas y una The Pretender en la que Grohl nos dejó muy fríos en lo vocal (sin arriesgar nada, bajando dos tonos) y transmitiendo mucho más con el bamboleo de su cabeza que con las cuerdas de su garganta. No diremos mucho más de ellos, porque los retomamos al final, una vez acabado Moby, con Aurora y su dedicatoria al malogrado Taylor Hawkins, la bonita Best of You y el cierre con los bises de Exhausted y Everlong. Curiosamente, todo el tono de la música y de la voz del frontman nos pareció mejor en el epílogo que en el arranque pero, como decimos, no podemos entrar a valorar la actuación porque no estuvimos presentes todo el tiempo.

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Foo Fighters, Mad Cool 2026

Sí vimos de principio a fin a Moby, al que tenemos menos oportunidades de ver por el tipo de eventos en los que se prodiga y lo poco que aterriza por España. El estadounidense desborda sensibilidad en cada acorde, en cada base y en cada voz de las personas a las que elige a su lado. Nos daba miedo encontrarnos un concierto rutinario, con muchas cosas grabadas y poco ‘alma’, y nos encontramos con todo lo contrario: una explosión de sensaciones con un artista entregado y acompañado por un teclista/dj, una violinista, un batería, una violoncellista y dos voces extraordinarias.

De Moby solo podemos decir lo mismo que con Wardruna: no sabemos clasificarlos, pero si pasan cerca de por donde estés, ve a verlos. Escuchamos mashups de otros artistas, adaptaciones brillantes de algunos de sus éxitos y momentos en los que alcanzamos el cielo con ‘We Are Made of Stars’ o ‘In My Heart’. Tuvo su momento de reivindicación política, pero fue el único detalle descontextualizado dentro de un setlist plagado de picos y valles, todos ellos sobresalientes.

Mad Cool es probablemente el evento musical más grande de Madrid, y uno de los eventos sociales más fotografiados. En cualquier caso, el ‘place to be’ de la capital de España estos cuatro días.

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