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Crónica Rock Imperium domingo: Sabaton y por qué no hay relevo

Sabaton, Rock Imperium Cartagena

Ayer estuvimos toda la tarde en el Rock Imperium, charlando con metaleros acerca de Iron Maiden, del relevo y de hacia dónde se dirige el metal. Pues bien, si no hay relevo es, entre otras cosas, porque muchas de las bandas emergentes no tocan el directo, simple y llanamente. Y Sabaton, horas después, nos dieron la razón. Los suecos, en un festival en el que compartieron ser cabeza de cartel con la Doncella de Hierro y con Within Temptation, se llevaron el premio ‘cum laude’ de pistas grabadas, de voces reproducidas y de un espectáculo con muchísimo artificio y muy poca verdad. Si lo ‘nuevo’ es esto, ojalá los clásicos fuesen eternos.

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Sabaton: si el futuro es así, no lo queremos

Vamos a empezar por el final. Llevábamos un par de años sin ver a Sabaton, y los recibíamos con ganas. La última vez que los habíamos visto, creo que en la Plaza de Vistalegre, nos dejaron fríos, pero como nos encantan, teníamos ganas de darles una nueva oportunidad. En qué momento.

Los de Joakim Brodem salieron al escenario arrasando con Ghost Division (ya hablaremos del reparto de escenarios y tiempos del Rock Imperium en la crónica general que publicaremos el lunes), pero pronto se vio que, ni de lejos, íbamos a contemplar un espectáculo como el de la noche anterior. Llegamos a contar hasta 13 personas susceptibles de añadir voces al show, pero Sabaton prefirieron recrearse en los sonidos y las voces grabadas. Una absoluta decepción. Insistimos, si el relevo a Iron Maiden son grupos así, no queremos ni empezar a debatir acerca de por qué no hay relevo. Simple y llanamente, porque los Sabaton de turno son infinitamente peores y más tramposos que muchos de los clásicos.

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¿Nos gustaron algunas cosas? Sí, claro, y eso lo hace más sangrante. Canciones como Night Witches, Bismarck o To Hell and Back sonaron de manera auténtica, pero otras como The Last Battle, The Attack of The Dead Man o la cosa esa extraña navideña (hace falta echarle pelotas para cantarle a la navidad en Cartagena en julio a 35 grados) fueron un despropósito de pistas grabadas.

Sabemos, vimos, que a mucha gente le da igual, y habrá decenas de personas que nos pongan a parir (porque los vimos disfrutar), pero en Metaldirecto tenemos un compromiso claro y decidido por la música en directo. Cuando llegue la IA y arrase con el 90% de los proyectos musicales de hoy en día, no nos veréis en el lado que lo lamente. Amamos el rock, amamos el metal y amamos la música en directo, y cuanto más se aleje una propuesta de esos tres pilares, más la criticaremos, por mucho que nos guste.

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Trivium, mejor que en sala

Curioso caso el de Trivium, que habitualmente logran un desempeño mejor en festivales que en sala con sus propias ‘reglas’. En Viveiro hace unos años fueron un escándalo, en La Riviera de Madrid una cosa intrascendente, y en el Rock Imperium dieron un show notable.

Los de Matt Heafy tienen una cosa que, en directo, no nos termina de convencer, y es que tiene mucho más peso la voz del segundo guitarrista (más bestia) que la del bajista, que armoniza de manera increíble con la del frontman. El resultado, unido a una batería extraordinariamente alta (carencia que comparten con, entre otros, In Flames), perjudica un sonido global que, con dos pequeños matices, ganaría muchos enteros.

Trivium preguntaron cuánta gente los veía por primera vez, y hubo centenares de manos que, o bien no se enteraron de la pregunta, o bien se convirtieron en adeptos de la banda. Los de Orlando fueron unos de los grandes ganadores de la jornada. Strife, Until The World Goes Cold o The Sin and The Sentence fueron cañones a la línea de flotación más clásica de los fans, que terminaron de convencerse con The Silence in The Snow, The Heart of Your Hate y el cierre con In Waves.

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Yoth Iria, la gran sorpresa

Entre Trivium y Sabaton subimos al escenario pequeño unas pocas decenas de perjudicados a ver a Yoth Iria, y resultaron ser una de las revelaciones del festival. Ya con un solo cantante (y, por lo tanto, sin espectáculos vergonzosos), los griegos, herederos directos de Rotting Christ (el bajista es el original del grupo de los hermanos Tolis) pegaron cerca de una hora de ¿death? ¿black?… de música extrema que consiguió crear una atmósfera muy especial en un escenario que, hasta entonces, había dado muy pocas alegrías. Nos dejaron sin Non Serviam, pero el cierre con The Blind Eye of Antichrist fue extrarordinario.

Queensryche, cuánta clase

Los de Seattle lidiaron con abrir el repertorio de metal clásico (tras Hagane y el bochornoso espectáculo de las casi amateur Dogma), y lo hicieron con un show extraordinario, plagado de clase y momentos brillantes aunque, eso sí, con un sonido altísimo y bastante incómodo a veces. (Aquí lo que nos parecieron Dogma en Madrid teloneando a Lord of The Lost).

El domingo, como cierre del Rock Imperium, supo lidiar con la resaca de Iron Maiden con luces y sombras, pero cerró un festival notable al que estamos deseando volver.

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