No sabemos si lloró más Mikael Stanne, Anders Friden… o nosotros. El festival Goteborg Brinner sirvió como un enorme homenaje a Tomas Lindberg en un evento con luces y sombras en el que In Flames, responsables de devolver a la ciudad un gran evento musical, se erigieron como los líderes actuales del movimiento conocido como ‘Sonido de Gotemburgo’ pero ubicando en lo más alto del trono a la memoria de Tompa y sus At The Gates como los pioneros que cambiaron para siempre el metal.
Gotemburgo, una ciudad que necesita un gran festival
Si algo aprendimos en las casi doce horas en las que estuvimos en Frihamnen es a decir ‘Metal Town’ en sueco. El que fuera la gran cita festivalera del país, por el que pasaron los mejores grupos del mundo, y que se extinguió tras cambiar su ubicación a las afueras hace más de una década, permanecía anclado en la memoria de los 15.000 fieles que abarrotaron el recinto. Y es que los gotemburgueses, quienes viven completamente entregados a la música, se encontraban huérfanos de un lugar de reunión en el que honrar a sus ídolos. In Flames (y Live Nation) vieron que la ocasión merecía un intento final, y más cuando todavía no ha pasado ni un año del fallecimiento de Tomas Lindberg, quien con At The Gates encabezó ese metal tan particular capaz de mezclar el death metal con las guitarras del NWOBHM y brindarle al mundo el Melodeath (Death Metal Melódico).
La idea era clara: una catarsis liderada con bandas locales, completar un día de festival con algunos grupos muy prometedores y comprobar si la respuesta del público era suficiente como para plantearse instaurar de nuevo la cita. Y fue un éxito, aunque con muchos matices en lo organizativo.
La memoria de Tompa nos dejó momentos para la historia
No podemos hacer crónicas de los conciertos, aunque después daremos alguna pincelada, sin antes destacar los grandes MOMENTAZOS que nos dejó el día: sendos duetos de Anders Friden (In Flames) y Mikael Stanne (Dark Tranquillity). El primero, tras un emotivo discurso de Stanne que dio paso a Blinded by Fear (canción de At The Gates), con la irrupción sorpresa de Friden. El segundo, más previsible pero no menos espectacular, cuando Stanne subió al escenario para cantar a dúo Behind Space (como todos sabemos, la canción pertenece al Lunar Strain, primer disco de In Flames y que fue grabado en estudio por Stanne antes de la llegada al grupo de Friden, que por entonces estaba en Dark Tranquillity).
Las dos caras más reconocibles del Melodeath sueco actual se hincharon a llorar y se emocionaron recordando aquellos tiempos en los que eran unos chavales que iban intercambiándose de grupos buscando el lugar que les correspondía en la historia de la música, y todo ello bajo la supervisión de un Tompa Lindberg que ya es eterno.
Gotemborg Brinner, tan emotivo como desastroso
Dos personas de Metaldirecto acudimos a cubrir un evento tan señalado, y tenemos que decir que mereció completamente la pena por vivir una jornada que será recordada durante décadas, pero también que organizativamente ha sido, probablemente, el peor evento en el que hemos estado este año.
Sin exagerar nada: casi media hora para entrar al recinto pese a tener acceso premium, más de una hora en las colas del merchandising, más de una hora en cada una de las colas para beber algo y más de una hora en el caso de que quisieras comer algo en cualquiera de los puestos. Todo esto unido a que acabamos inundados en un mar de latas, a que los baños fueron otro drama y a que el colapso entre el escenario principal y el secundario era constante dejaron un poso de haberlo pasado muy bien por haber tenido la enorme suerte de vivir algo así nada menos que en Gotemburgo, pero también de un colapso organizativo que debe replantearse muchas cosas si quieren repetir.
Por otro lado, si fue una ocasión muy especial encima del escenario, hay que decir que todo lo demás fue decepcionante. El segundo escenario era una nave industrial con mala acústica en la que no entraba ni de lejos el 30% del aforo del recinto y con una iluminación que, si conseguías entrar, lo que no conseguías era ver. Además, con el acceso premium se habían prometido otras ventajas, entre ellas baños exclusivos (bien) y barras dedicadas (de bebida sí había, de comida no había ni una sola barra en las zonas premium). Los precios… lo esperado: prohibitivos. Una lata de Heineken 89 coronas suecas (más de 8 euros), y si ibas a cualquier puesto de comida salías herido de gravedad por los precios y las calidades de los productos.
Mención aparte merece el prometido acceso a un museo muy especial de In Flames que, posiblemente, tenía menos gracia que alguno de los cajones de mi habitación (un par de guitarras, un par de folios con setlists bastante actuales… y ya). Ni un miserable cronograma, ni una sola referencia a miembros antiguos, ni una sola fotografía de los primeros tiempos… nada. Sólo tres containers abiertos con lo justo para poder decir que ahí había algo. Si nos miramos al ombligo y criticamos cuando festivales locales hacen cosas mal (aunque les joda y a veces no lo entiendan, pero para eso estamos), también debemos hacerlo cuando vamos a, supuestamente, lugares que deben ser referencia y que tampoco están a la altura. ¿Volveríamos a Gotemburgo a vivir lo que vivimos el sábado? Todos y cada uno de los días de nuestra vida. ¿Repetiríamos el año que viene? O cambian muchas cosas, o de ninguna de las maneras.
¿Qué tal estuvieron los grupos?
Como decimos, nos parece lo de menos en una jornada en la que las emociones estuvieron todo el rato tan a flor de piel, pero qué menos que dedicarles un par de párrafos:
- In Flames. Cogieron la bandera de líderes actuales del Melodeath y ejercieron como cabezas de cartel con un espectáculo de fuego (no podía ser de otra manera), mucha luz, mucho color e incluso un cameo de Matt Heafy (Trivium) en Artifacts of the Black Rain. Anders acabó sin voz, y fue el público el encargado de cantar Take This Life y My Sweet Shadow, con la que cerraron un setlist un poco más largo que en el resto de la gira.
- Thrown. No fuimos capaces de llegar al segundo escenario a tiempo.
- Dark Tranquillity. Se han anclado en la etiqueta de ‘siempre están bien’, ‘son una garantía para cualquier festival’… y lo cierto es que es lo que llevan siendo ya muchos años. Un grupo que no ha evolucionado, que hace perfectamente lo que han hecho siempre y que siempre dan gusto. A Mikael Stanne le sentó especialmente bien jugar en casa, y mientras ellos se encuentren a gusto en su corsé, nosotros lo estamos de verlos siempre en posiciones secundarias en los carteles o en conciertos en salas más pequeñas de lo que deberían ser por su calidad.
- Avatar. El espectáculo circense de los de Johannes, que ofrecieron una hora apabullante, lastrada por tocar muy de día pero con una complicidad total con el público (qué difícil es escribir esta crónica sin poder usar ‘los suecos’ ni ‘los de Gotemburgo’).
- Gaerea. Lamentablemente (porque nos encantan), llegamos a los portugueses cuando apenas faltaban un par de canciones. Como decimos, el festival se empeñó en ponerle las cosas difíciles a los espectadores.
- Raised Fist. Su mezcla de grupo técnico con voz del rock urbano del país vasco de los noventa gusta y mucho en los países nórdicos. A nosotros nos dejaron un poco fríos, pero la gente vibró a lo grande con ellos.
- Mur. Por suerte tocaron en el segundo escenario antes del colapso, y fueron la gran sorpresa del día. Un sonido atmosférico, progresivo a ratos, con guitarras djent y unas voces que recuerdan casi más a músicas tribales que a un grupo moderno. Nos encantaron, son muy jóvenes y pensamos que van a ir hacia arriba con fuerza.
Una experiencia única que no nos cansaremos de recordar pero que, como cita en el calendario, tiene que aprender mucho para el futuro.












