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Madrid, una ciudad de seis millones de habitantes sin una red de recintos de conciertos a la altura

Recintos conciertos Madrid

Madrid es una de las grandes capitales europeas de la música en directo. Cada año recibe cientos de giras internacionales y millones de espectadores pasan por sus recintos. Sin embargo, detrás de las cifras existe una realidad incómoda: la oferta de espacios para conciertos presenta importantes carencias y cada vez son más visibles.

La situación actual deja una sensación paradójica. Madrid puede albergar algunos de los mayores conciertos de Europa, pero al mismo tiempo tiene enormes dificultades para ofrecer espacios adecuados para muchos artistas de tamaño medio y grande.

Los estadios: grandes aforos, grandes problemas

Durante años, el Santiago Bernabéu parecía destinado a convertirse en uno de los grandes templos de la música en vivo de Europa. La remodelación del estadio prometía convertirlo en una máquina de generar eventos durante todo el año.

La realidad ha sido muy diferente.

Las denuncias vecinales por ruido, las limitaciones impuestas por la justicia y los problemas acústicos detectados durante varios conciertos han obligado a replantear completamente el proyecto. El propio Real Madrid llegó a suspender la programación de conciertos mientras busca soluciones técnicas para la insonorización del recinto.

Mientras tanto, el Riyadh Air Metropolitano se ha convertido en la principal alternativa para los macroconciertos. El estadio del Atlético de Madrid ha acogido algunas de las giras más importantes de los últimos años y parece haberse consolidado como el único recinto madrileño realmente operativo para eventos de más de 50.000 espectadores.

Pero un estadio no puede solucionar por sí solo las necesidades de toda una ciudad.

Movistar Arena: prácticamente la única solución real

Si hay un recinto que sostiene gran parte de la programación musical madrileña es el Movistar Arena.

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Su gran ventaja es la flexibilidad. Puede funcionar con configuraciones desde unas 3.000 personas hasta más de 17.000 espectadores, adaptándose a distintos tipos de giras. Además, las mejoras previstas permitirán superar próximamente los 20.000 asistentes en determinados formatos.

El problema es precisamente ese: casi todo acaba pasando por el mismo sitio.

Cuando una ciudad depende de un único recinto para absorber gran parte de la demanda de conciertos medianos y grandes, cualquier problema de disponibilidad afecta inmediatamente a toda la programación.

Hemos visto, recientemente, que la solución que buscan promotores y ayuntamientos de la región es adaptar cualquier lugar con una explanada como alternativa a salas fijas o multiusos. Sin ir más lejos, lo que hizo el MetalMad Fest en la Universidad Autónoma, o lugares donde ocurren cosas en determinados ciclos, como las noches del botánico o las fiestas de ayuntamientos y barrios.

Vistalegre: un gigante desaprovechado

Sobre el papel, Vistalegre debería complementar perfectamente al Movistar Arena.

Sin embargo, el recinto lleva años generando opiniones encontradas entre promotores y aficionados. Los problemas de acústica han sido objeto de críticas recurrentes y muchas giras internacionales continúan prefiriendo otras opciones cuando es posible.

Pese a seguir acogiendo conciertos importantes, cuesta encontrar a alguien que lo considere una referencia europea en cuanto a experiencia sonora.

En este enlace sobre el problema de los conciertos en Madrid lo explicábamos con más detalle.

La desaparición del escalón intermedio

Quizá el mayor problema de Madrid no esté en los grandes recintos.

Está en lo que falta entre ellos.

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Una banda capaz de reunir 2.000, 3.000, 5.000 o incluso 8.000 personas tiene muy pocas opciones realmente competitivas.

El Movistar Arena puede adaptarse a algunos de esos formatos, pero no deja de ser un pabellón pensado para aforos mucho mayores. Y fuera de él, las alternativas son escasas.

Este vacío obliga a muchos artistas a actuar en recintos sobredimensionados o, por el contrario, a realizar varias fechas en salas más pequeñas.

Resulta llamativo que una de las mayores áreas metropolitanas de Europa carezca de un auditorio moderno específicamente diseñado para conciertos de entre 2.000 y 10.000 asistentes.

Las salas: supervivencia entre limitaciones

La situación tampoco es sencilla en el circuito de salas.

Espacios históricos como la Riviera continúan siendo fundamentales para la escena madrileña, mientras que salas como Mon, Copérnico o Revi Live absorben buena parte de las giras de tamaño medio.

Sin embargo, muchas de ellas fueron concebidas originalmente como discotecas o espacios multifunción y no como auditorios diseñados desde cero para conciertos.

La consecuencia es conocida por cualquier aficionado habitual: problemas de visibilidad, columnas, distribución mejorable o acústicas que dependen demasiado del técnico de turno.

Madrid tiene salas. Muchas salas.

Lo que no siempre tiene son salas específicamente diseñadas para ofrecer la mejor experiencia posible.

El caso Miguel Ríos: una oportunidad desaprovechada

Pocos ejemplos ilustran mejor los problemas de infraestructuras que el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid.

Sobre el papel parece una solución ideal para conciertos multitudinarios al aire libre.

La experiencia práctica suele ser mucho más discutible.

Las críticas relacionadas con accesos, movilidad, evacuación, transporte público y distribución del público aparecen con frecuencia tras los grandes eventos celebrados allí. A ello se suman las recurrentes quejas sobre el sonido en determinadas zonas del recinto, algo que volvió a estar presente tras el reciente concierto de Linkin Park.

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La sensación general es que el recinto ofrece una capacidad enorme, pero no siempre una experiencia acorde a lo que debería esperarse de un espacio de referencia para una capital europea. Tardar más de una hora y media en salir del municipio tras un concierto es inadmisible.

Comparación con otras capitales europeas

Cuando se compara Madrid con ciudades como Londres, París, Berlín o Ámsterdam, aparece una diferencia evidente.

Todas ellas disponen de una red mucho más escalonada de espacios.

Desde salas de 1.000 personas hasta arenas de 20.000 espectadores, pasando por múltiples auditorios intermedios especialmente diseñados para música en directo.

Madrid, en cambio, parece haberse desarrollado a saltos.

Hay salas pequeñas.

Hay grandes estadios.

Hay un Movistar Arena que soporta buena parte del sistema.

Pero falta una capa intermedia suficientemente sólida.

Una asignatura pendiente para la capital

Madrid sigue siendo una parada obligatoria para las grandes giras internacionales y probablemente continuará siéndolo durante muchos años.

Pero si quiere consolidarse como una de las grandes capitales musicales del continente, la ciudad necesita algo más que estadios y salas históricas.

Necesita recintos modernos diseñados específicamente para la música en directo, con buena acústica, buena visibilidad y capacidades adaptadas a las necesidades reales del mercado.

Porque actualmente una banda que llena 60.000 personas tiene dónde tocar.

Una banda que reúne 500 personas también.

El problema aparece en todo lo que existe entre ambos extremos.

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