Si hay algún festival al que quien esto escribe le tiene un cariño especial, ése es el Leyendas del Rock. Los motivos son muchos, casi incontables, y si tuviese que elegir el nombre de uno, de entre todos los festivales que hay a día de hoy en España, sería el del Polideportivo de Villena. Lo conocí tarde, ya en su recinto actual y a rebufo de mis habituales acompañantes, pero he repetido durante los años suficientes como para considerarlo ‘casa’. Y, precisamente por hablar de lo que siento que es parte de mí, quizá este texto sea demasiado duro. El caso es que, por diferentes motivos, esta edición es la primera a la que vamos a faltar desde 2015, y como aquí estamos para ser sinceros y hablar con la (mi) verdad, voy a enumerar algunos de los principales motivos por los que este año nos vamos a ausentar del Leyendas del Rock. Algunos, como veréis, aluden a la presente edición; otros, la mayoría, por una acumulación de ediciones con poca autocrítica y menos mejoras.

¿Por qué no vamos a ir al Leyendas del Rock 2025?
- La competencia los deja señalados, y hay que elegir. A día de hoy, se hacen más y mejores festivales en España. El Z-Live ha encontrado una fecha en el calendario muy apetecible, y es un festival al que da gusto ir y en el que siempre nos hemos sentido tratados de lujo (tuvimos miedo con el cambio de recinto al IFEZA, pero sigue siendo una delicia (con la excepción de cómo se gestionó la crisis del diluvio de hace un par de años). En el choque de tres festivales a la vez, como ya conocíamos bien las otras dos opciones (Resurrection Fest y Barcelona Rock Fest), en esta ocasión elegimos Cartagena para probar el Rock Imperium (fuimos antes del estreno de Metal Directo, por eso no leeréis crónica) y, sinceramente, lo que vivimos allí fue lo que debería haber sido la evolución del Leyendas. Un Villena 2.0, con un calor insoportable pero con muchísimo cuidado y cariño al visitante, por no hablar de una limpieza extrema de los baños, de un cartel con profundidad y brillo y de un sonido poderoso en ambos escenarios. Por último, teníamos mucha curiosidad por ir a Fuengirola a ver cómo se desenvolvía la gente del Z-Live jugando fuera de casa, y decidimos ir al Sun and Thunder a comprobarlo (en este enlace, podéis leer nuestra crónica del Sun and Thunder). Por desgracia, ya que el dinero no nace de los árboles, unido al hecho de la visita doble de ACDC y Iron Maiden a Madrid, tuvimos que prescindir de algo. Y ese algo, con dolor pero sin dudas, ha sido el Leyendas. Otro al que le tenemos ganas es al Koba Live, aunque nos tememos que será para la próxima ya que el principal reclamo para nosotros, Wolfheart, tocan al día siguiente en una sala de Madrid.
- Por el tercer escenario. No hay palabras. Si algo nos motivaba a ir en esta edición es ver la cara del cantante de Lost Society al salir a la peor canchita de fútbol de la historia de la música en España y pensar en no volver nunca jamás. Es un lugar terrorífico para realizar un concierto: una barra ineficiente, una grada minúscula, un techo que parece retumbar a propósito y un sonido atroz en el que, desde que tenemos memoria, sólo The New Roses han sido capaces de marcarse un bolazo (y sin nada parecido a un grave o un doble bombo). Es que ni siquiera El Altar del Holocausto pudieron, y mira que suenan bien siempre. Mención aparte el enjambre de ruido insoportable del concierto de Kalmah en 2024. Entrar en las redes sociales del festival (antes de que borren los comentarios que no les gustan) durante las fechas del evento es un carrusel de críticas a los baños… y al tercer escenario, y nadie hace nada al respecto.
- Por la (falta de) higiene. Debería ser el primer punto, porque es el más desagradable con diferencia. En 2024 el anuncio de los baños limpios (lo llamen como lo llamen, pagas a un externo para poder ir a un baño limpio) nos pilló sin acceso a internet, y cuando volvimos ya se habían acabado (espectacular lo de sacar pecho a la hora de hacer sold out de baños limpios en lugar de cuidar a la gente que paga por ir a tu evento). Haciendo honor a la verdad, los de dentro del festival mejoraron en la última edición, pero los del camping son absolutamente insalubres. Impresentable.
- Piscina o alojamiento. Si no puedes con la suciedad extrema de los baños del camping, no queda otra que irse a buscar alojamiento, casi todos lo suficientemente lejos como para descartar la piscina como una opción. Y precisamente la piscina es uno de los atributos más positivos del festival, y una de las cosas que lo hacen diferente para bien. Lo intentamos en una edición (irnos a un apartamento), y echamos tanto de menos la piscina que nos arrepentimos. Luego, al hablar con diferentes grupos, volvió a salir el tema de la falta de higiene, y agradecimos no estar en el camping. ¿Conclusión? No hay una solución buena, algo que nos ha desanimado para este año.
- Falta de interés en modernizarse. En 2025 seguirán con fichas a modo de tokens, y si los quieres comprar ya dentro del recinto prepárate a esperar hasta llegar a las taquillas. Hay una app, pero no vale para prácticamente nada, y hay que formar una cola salvaje si te quieres hacer con los abonos del año siguiente, mezclándote con los que se cuelan, con los del Merchandising y con los que quieren una cerveza. Si te dicen que es un festival de 1995 no tienes ni una sola pista para pensar que no es así.
- Los carteles (I). Da la sensación de que hay años en los que el esfuerzo es muy grande, y otros en los que parece que quieran recoger frutos. 2024 fue increíble, 2023 fue tan decepcionante como 2025… es un ciclo que parece repetirse (así que, por un lado, estamos ya deseando conocer más detalles para el XX aniversario en 2026 pero, por otro, hemos sentido menos pena al ausentarnos en esta edición). Nos va a doler particularmente perdernos a Powerwolf, Lord of The Lost, Within Temptation o el doblete de Mikael Stanne (con The Halo Effect y con Cemetery Skyline), pero son cuatro días y el resto del cartel nos ha dejado más bien fríos.
- Los carteles (II). La convivencia de varios géneros, algo que siempre recibimos con agrado, se aplica de una manera demasiado extremista: lejos de buscar el eclecticismo, el cartel ha pasado a ser unos cabeza más o menos acertados y, más abajo, un choque entre ‘riñoneras y cuernos’ vs ‘calcetines y piercings’. Entre medias, poco o nada. Suponemos que el Leyendas ha sentido la necesidad de renovarse, pero lo ha hecho precisamente en el aspecto que menos lo necesitaba. Siempre hay quien se queja (más Metalcore, menos vikingos, que venga Iron Maiden, algo de Black, un leyendas sin Warcry no es un leyendas, por fin no está Lujuria, qué tarde el Reno…) pero pensamos que la solución no es meter a medio ‘Resu’ antes de Alestorm y Amon Amarth, porque con eso intentas que vayan más personas (y nuevas), pero probablemente también provoques que muchos de tus fieles habituales opten por otras alternativas. Hay muchas cosas intermedias, pero el Leyendas ha ido a los extremos, y hay mucho ‘nórdico’ al que no le gustan los break downs, y mucho moderno que no soporta el metal clásico. Es un tema delicado y posiblemente con muchos puntos de vista, pero el mío es que en poco se parecen, por ejemplo, el público habitual de Viveiro y el de Barcelona. Festivales distintos para personas con gustos distintos. Los números darán o quitarán razones, y es posible que haya exceso de oferta para la demanda actual, pero tengo la sensación de que el que mucho abarca, poco aprieta.

Dicho todo esto, estamos deseando tener motivos para volver a Villena, y tampoco queremos que quien lea esto piense que aquello es Saigón, ya que se trata de un festival con muchos puntos fuertes que es capaz de generar mucho cariño entre sus asistentes y en el que, a fin de cuentas, intentamos estar todos los años.
¿Por qué estamos deseando volver al Leyendas del Rock en 2026?
- Porque, por fin, hagan caso a los dos principales problemas (baños y tercer escenario) y busquen soluciones.
- Porque la de 2026 es su XX edición, y todo hace pensar en un cartelazo lleno de bandas apetecibles. Confesamos que, el primer avance, ya ha llamado nuestra atención.
- Por esos momentos en la piscina en los que se escuchan los primeros ensayos mientras te das un baño y se te olvidan todos los males.
- Por lo increíblemente buenos, simpáticos y eficientes que son en las barras grandes de abajo, donde es raro esperar más de un minuto para ser atendido.
- Por lo bien que se ve y se escucha todo en los dos escenarios principales y lo a gusto que se está viendo a algunas de las mejores bandas del mundo.
- Por ese césped que aguanta estoicamente en la parte de atrás del campo los cuatro días y que permite irte a sentar cuando una banda te da más igual.
- Por esas pantallas que permiten que no te pierdas nada (que aprendan el Z y el Sun and Thunder).
- Por toda esa gente a la que ves una vez al año, y a los que vamos a echar muchísimo de menos este verano.
- Por las sensaciones que provocan tantos y tantos recuerdos bonitos y tan pocos recuerdos feos. Porque siempre hay que intentar volver al sitio en el que hemos sido felices.












